Canción latente

Rizo amado como tú, enredado:
Voy agitado igualmente en calma
con fuego rizado que me quema el alma.
Rizo amado: Mi pasión sin reparo.

Rizo amado: Mi tormento perfecto.
Son siempre espirales de mi agrado.
¡Ay Amor! Tras de ti hipnotizado
muriendo vivo como mar sin viento.

Espiral, eres delirante Espiral.
Ahogado estoy con la sed de tenerte.
Amada, no  fue mi intención amarte…

¡Espiral, oye mi canción latente,
latente por verte y por soñarte!
Clavado así, cómo puedo olvidarte.

Gerald Rivera©

Cupido ha muerto

Mataron a Cupido.
No muy lejos de un colegio.
Dos tres versos dispararon.
Lo dejaron aturdido.
El remate a flechazos
lo mató, ¡Ángel caído!
Gritan “A muerto Cupido”.
Día catorce del mes dos
se nos acabó el amor,
Cupido ha muerto.

Un estudiante lo mató.
Mató el a veces ángel,
hijo de Venus y Marte.
Un ángel, un ciego, un dios.
El joven le reclamó
“Qué mal haces tu trabajo.
Por qué no bajas aquí.”
¡Hoy mato al dios del amor!
Dos tres versos y una flecha
Cupido ha muerto.

Se escribió un poema.
Un poema de Cupido,
donde explican su muerte,
del ángel ciego y caído,
de un dios del amor que muere
(Ironías de Cupido).
Día catorce del mes dos
el primer día del amor.
Por fin ha muerto Cupido.

Gerald Rivera ©

PD: Muchas gracias a la señora que el 13 de febrero me completó con 35 centavos lo que faltaba para poder imprimir “Cupido ha muerto”. Hizo posible que pudiera repartir el poema en la universidad. No te pregunté el nombre, pero se te agradece.

Filósofo del amor

El amor abre las puertas al dolor.
Mi amor no teme; el amor no debe.
Un verdadero amor sabe siempre
evitar las espinas del desamor.

El corazón: filósofo del amor
que siempre tiene razón y no miente;
me acuerda antes de poder verte
que rosas rojas son las que sonrojan.

Se olvida de su filosofía.
El sueña con tus rizos y se pierde.
Y me dice que tus besos son poesía.

Son poesía de fuego ardiente.
Por amarte, fielmente sufriría
solo por besarte toda su vida.

Gerald Rivera ©

Versos ineptos

Por ti no existen versos
más lindos que tus ojos,
más asombrosos que tu voz,
más tristes que tu llanto.

Si mentir de ti tuviera,
escucharía la luna
llorándole a los lobos,
gritandole a las estrellas.

Mis versos mueren solos,
con lo triste de tu llanto
por tu simple belleza,
no superan tu encanto.

¡Pobre corazón mío!
Quiere atrapar lo rojo
y lo azul de tus ojos
con sus ineptos versos.

Torpe será mi corazón,
inhábiles mis versos,
encantadores tus ojos
pero verídico es mi amor.

Si eso no lo puedes ver
lo escucharan tus oídos,
lo sentirá tu corazón,
me lo contaran tus labios.

Por amor te lo mostraré.
Por amor te lo contaré.
Lo escucharé de tus labios
y escribiré estos versos.

Gerald Rivera©

Pétalos perdidos del pasado

El tiempo son recuerdos taciturnos
que nos oscurecen la memoria.
Cuando el recuerdo vence el olvido,
el tiempo reclama su victoria.

Vencer el tiempo usando el olvido
es recordarle al recuerdo
que pétalos perdidos del pasado
no tocaran espinas del presente.

La memoria perdona olvidando,
y amando recuerda el olvido
como claro liberal y celestial.

Presente permanece andando
el tiempo, huyendo del olvido
y el olvido amado y angelical.

Gerald Rivera©

La pequeña lucecita del Jueves de Luna llena y aparte estrellado

La pequeña Luz o Lucecita para otros. Así se llamaba ella, así la llamaron sus padres por tener ojos grandes y brillosos como el Sol pero que reflejaban la luz como la Luna. No muy alta ni escandalosa nació la pequeña Luz una noche del Jueves estrellado y sin Luna. Los abuelos emocionados y casi alterados decían que por nacer en el jueves lindamente estrellado estaba la pequeña Luz bendecida.

A la pequeña Luz por ser tan silenciosa y mirona con esos ojos grandes y brillosos en su cara como la Luna, al lado de la gran ventana estaba su cuna. Una ventana tan grande para Luz que todas la lucecitas de las estrellas del cielo entraban y Lucecita las miraba con sus grandotes ojos, y con los pequeños brazos estirados las noches estrelladas creía que atrapaba.

Una noche del Jueves el cielo brillaba y al igual que todas las noches estrelladas junto a la gran ventana Lucecita veía como todas las lucecitas de las estrellas del cielo entraban a su cuna, pero este Jueves también era Jueves de luna llena ¡Y aparte estrellado! Al ver la pequeña Luz su primera Luna llena y aparte en un Jueves estrellado, escaló desde su cuna hacia la gran ventana y con todo su esfuerzo, ya arriba, la Luna llena queria atrapar. Al ver Luz que no podía pasar por la ventana de cristal casi transparente, con un pequeño pero fuerte empujón la ventana abrió y se formó un pequeño balcón para la pequeña Luz de ojotes que brillan como el Sol mientras se reflejaban con la Luna a la que Lucecita quería llegar. Ya afuera, no pudo alcanzar la Luna, por lo que Luz esta vez con un pequeño pero gran salto directo hacia la Luna brincó y no alcanzó, entonces vió, con sus ojos grandes que brillan como el Sol,  y no entendía  porqué la Luna le huía, porqué veía como la luz de la Luna iba tornándose la pequeña lucecita del Jueves de Luna llena y aparte estrellado.

Gerald Rivera©

Lo único que sé

Sé que hay quienes ven corazones.
Sé que hay quien no sabe y no quiere
saber del arma salva relaciones.

Sentimientos: Un arma que no hiere.
Se usa para inspirar la musa,
para enamorar al que se quiere.

El sentir del corazón,
dulce arma que conquista.
Deberias su canción,
nunca perderla de vista.

Sé que hay gente que odia el amor.
Sé de quienes les es indiferente.
Tristes en frío anhelando calor.

Si odias el amor yo sé que mientes.
Si ya te cansa puedo ayudarte
con dos, tres versos de rimas ardientes.

Nadie se salva del amor.
Ni el mas tonto y ciego.
De quienes vivan sin amor,
no sé y si sé lo niego.

Gerald Rivera©

Al otro lado del amor

Efímeros astros del recuerdo,
búsqueda de explicación sin sentido.
Mis ilusiones derrame ante tu presencia.
¡Hoy me refugio en mis latidos!

Quizás errante es pensar que volverás.
Quizás tú camino encontraste.
Quizás la batalla yo perdí.
Tal vez él quizás queda tras de mí.

El recuerdo es tan estrepitoso y el olvido queda taciturno.
Suenan vientos helados de memoria.
Es de suma insensibilidad tu asomo.
Mientras sin valorar continuas.

Fui el misterio que trató de descifrarse.
Fui la sabana que tus instantes a cobijó.
Solo emprendí hacia una cumbre,
que en un principio mi alma despojó.

Los minutos trascienden en un vaivén de manecillas.
Mis lágrimas se avivan en la penumbra.
Torpe mente, que no encuentra salida.
Tonto corazón, que un día se entregó.

De pie estoy a pesar de la agonía.
Es un sabor amargo el adiós.
Una partida muda, sin palabras.
Me despido con tus caricias en mi piel,
y tus besos en mi corazón.

De tanto que pudo ser y no fue,
se quedan los sueños en el aire.
De tantas páginas,
solo pedazos desprendidos vuelan.
Una memoria,
una historia,
tus besos, mis labios,
mi amor, tu dolor.
La poesía salva los pétalos de las espinas del desamor.

Marangeli Davila©

Allá en la ciudad

Despierto con escalofríos
una noche en la ciudad.
Despierto con mucho frío
en una noche de maldad.

Porque lo que allá quería
no lo quieren en la ciudad.
No me quieren como quería.
Y no acepto tanta maldad.

Me despierto en la noche.
Hoy me largo de la ciudad.
No me quieren esta noche,
no merecen mi lealtad.

Muy cierto lo que decían:
No es amor el de la ciudad.
No te quieren como decían
y no te amaran de verdad.

Gerald Rivera©

Mi Luna

Puede ser que no haya otras,
pero siempre hay terceras
qué infeliz no le canta.
Inalcanzable para mi,
para el corazón posible.
Si yo fuera como el aire
ni así podría llegar;
tengo que ser como la luz
día y noche la toca,
la tiene y no la quiere.

Infeliz yo que te quiero,
no te tengo y te anhelo.
Infeliz yo que te canto.
Y porque soy un infeliz
te canto otra canción
mientras otro te da calor.
Quisiera ya que fuera yo.
Pero entre el “yo quisiera”
y lo que es el tenerte.
Mi Luna me falta mucho.

Gerald Rivera©