Ella y Yo

Ella, que es ironía.
Yo la antítesis de la paradoja.
Somos juntos sarcasmo
que entre nosotros no nos entendemos.
Ella es mar de un mundo impensable.
Yo soy naufrago perdido en poesía.

Gerald Rivera ©

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Mi Pasión

Rosa roja brillante
que amo en exceso
y no canso de mirarte
tocarte y cogerte en mis dedos.
Te admiro y te anhelo;
teniéndote, te sueño.
No creo lo que veo:
una rosa roja entre mis dedos.

Se marchita
y su olor,
y su aspecto
me embriagan,
me drogan,
y enamoran.
Qué rosa más bonita,
más mágica e impactante.
Huele a fresco amanecer.
Se escucha su silencio
que me cautiva y me entretiene.
Y esa rosa, con pasión
me impulsa a escribirle.

Eres musa natural
que me cautiva
infinitamente
sin retroceso.
Cada vez te quiero más
y más te deseo.
Tus espinas perfectas
me hipnotizan y enloquecen
como rizos en el pelo,
tus espinas me revuelven.

Tus pétalos suaves,
delicados y fuertes
que te protegen y embellecen;
que viva, no huelen
más que a fresco amanecer
y marchitos, son delirantes
con su aroma
a lluvia nueva con canela,
un olor picante.
Qué irónico deleite:
Marchita más rica
de verte y olerte.
Eres y siempre fuiste
mi pasión al escribir;
y si mis versos no hablan de ti,
de más nada hablan entonces.
¿Si tú, rosa roja que me enloqueces
mueves las estrellas, la luna, el sol, y el mar
porqué no escribirte entonces?
Como hago desde siempre,
como haré toda la eternidad.

Gerald Rivera ©

Recital

Las estrellas azules,
azul cielo que palpita,
la noche del cielo cubren
y en clave todas recitan
una canción de luces
que al viento y al mar invitan
a cantar en acorde
con lo que la luna les recita.

Y el viento sube y se desliza
de lado a lado sin prisa,
y el sonido de una ese sumisa
por los versos de una canción se deslizan.

Y el mar rompe y estalla.
Y suavemente se quiebran,
a la orilla de la playa,
las olas recitando poemas.

Desde la orilla se observa
al mar cantando con el viento,
a la luna recitando poemas,
y a las estrellas luciéndose en el cielo.

Gerald Rivera ©

Amores de la noche

Amores de la noche:
El mar, las olas.
Olas muriendo en la orilla.
El cielo, las estrellas.
Estrellas que como la luna brillan.
Amores de la noche:
La orilla de la playa.
Playa que acorrala.
Inmenso desierto
que en las noches enamora,
que con las olas pelea,
que con las estrellas juega.
Amores de la noche:
La luna, el cielo, las estrellas;
el mar, la playa, el agua, las olas, la arena.
Amores de la noche:
El amor encima de la arena,
debajo de la luna y las estrellas
dos vidas haciendo el amor en la playa.

Gerald Rivera©

Adiós

Te coge, te jala hacia arriba
como tela que se expande.
No naces todavía,
pero al salir, de la tierra es que naces.
Y haces como si te movieras.
Y haces como si caminaras.
Y haces como si aprendieras.
Y te aferras a lo que no vale nada;
ahí un principito te enseña
que lo esencial lo ves con el corazón.
Y das cuenta que lo esencial es lo que amas.
Y la tela ahora jala,
hacia abajo te lleva.
Y tu piel se estira,
y te pesa la vida,
y tu mente reflexiona
de porqué te cuelgan las mejillas,
porqué duele todo el cuerpo,
porqué se acaba la vida,
porqué si la vida es sufrimiento
en ella existe el amor,
porqué todo el amor no cabe en un verso,
porqué la belleza se marchita,
para qué es que existe un dios.
Y entre tantos porqués
la vida se escapa.
Y con un poco de suerte puedes decir
adiós.

Gerald Rivera ©

Canción fúnebre

El corazón late una canción
fúnebre, de espanto,
profundamente triste,
a ritmo lento, cabizbajo
sollozando desolado
con recuerdos incesantes
de un amor desesperado.
Recordando el si y el no,
el tal vez y el después
y una incógnita de si es amado.

Lanzado en el suelo
creado de llanto,
mojándose en la lluvia.
Un taciturno cuadro.

Recuerda entre sus recuerdos
un amante bien amado.
Habían tres amantes
y él no era el afortunado.

Recuerda darlo todo,
de pies a cabeza,
de la cintura hasta los labios.
Dio la vida en un instante
aun estando en desamparo.

Con un amor no correspondido
guardó golpe tras golpe.
Incluso de no ser amado.
Lo podrán llamar terco, bruto, tonto,
pero no se arrepiente de haber amado.
De darlo todo,
de pies a cabeza,
de la cintura hasta los labios,
del favor más tonto
hasta la audacia más sorprendente.

Hoy anda desolado
en un pecho oscuro
vacío y en desamparo
latiendo una canción
fúnebre, de espanto,
profundamente triste,
a ritmo lento, cabizbajo
sollozando desolado
con recuerdos incesantes
de un amor desesperado.

Gerald Rivera©

Soneto

Como versos forzando el sentimiento:
subo el muro desanimadamente.
Nadando fuerte contra la corriente.
Estoy entregado a mi sufrimiento.

Por traición, por estos versos distintos
arden mis sueños, se ven diferentes.
Encarcelados cruel, ciegamente.
Sufriendo la pena del intelecto.

Llorando yo, riéndose mis versos.
Gritándole al amor que me salve,
con unos versos libres me rescate.

Me desate de mi tan cruel tormento.
Te amo más de lo que puedo decir
Siento que el soneto no diga eso.

Gerald Rivera ©

Solo estas en sueños

Y fue cuando te fuiste
que se fue tu cuerpo, tu voz, tu pelo.
No desapareciste,
te quedaste en sueños.
Viste como quedarte en recuerdos.

Mi alma en anhelo
junto a mi cuerpo se desvaneció.
Con mis labios primero,
con los recuerdos marchó.
Pensando en besos que dio se marchó.

Mi mente se fue sola.
Recordó los recuerdos de tus besos,
por horas ella sola.
Presa con besos presos.
Mi mente murió solo por tus besos.

Mi olfato, mi tacto,
dúo perfecto para abrazar
Te les fuiste de largo.
Sin olerte, sin besarte;
No serán equipo para nadie más.

Ojos y mariposas
que dan cada que recuerdo un beso,
una mirada de esas
con mis ojos llorosos.
Así están llorando en exceso.

Y qué con mi corazón.
Mi corazón está desesperado.
A baja palpitación te quiere a su lado.
Y verde esta sin ti, ahorcado.

¿Yo?
yo soy todo esto.
Es por eso que anhelo mirarte.
Solo estas en sueños,
y yo quiero tocarte,
y yo quiero olerte.
Yo anhelo el poder a ti verte.

Gerald Rivera©

Con morir anoche soñé

Con morir anoche soñé.
Morir en una quimera sin rumbo.
¡Que sueño pesado de ansias!
Hoy me regreso al mundo.

Soñé que mi alma yacia
dentro de flor en espinas,
un pétalo, una rosa se consumían
flotando en pasiones desmedidas.

Quizás anoche de deseos morí.
Morí quizás para vivir en ti.
Soñé con gran intensidad,
sin saber si volví a despertar.

Anoche en un sueño morí .
El corazón entre latidos desplomó.
Latidos que ayer tu cuerpo regaló
divinidades a mi pudor.

Soñé, desperté, no sé si esto un sueño es…
En sueños tal vez duerme mi espíritu.
Espíritu que alguna vez,
en tu cuerpo desvaneció, en tu piel murio.

Marangeli Dávila ©