Loto de Hielo

Su corazón no era de piedra.
Era de espinas.
Eran filos de pétalos de una flor de loto…

Le dolía, como frío de invierno
hacia una fogata en agonía,
que todavía ardía con un poco de fuego.

Le dolía si, el pecho,
pero no por su corazón terco,
no por eso, sino por su rota alma.

Una flor de loto sin consuelo en invierno
abandonada al lado de una fogata
en agonía con un poco de fuego,
con su rota alma,
con sus pétalos de hielo,
con la calma del frío,
con el desesperado viento de invierno.

GMR

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