Loto de Hielo

Su corazón no era de piedra.
Era de espinas.
Eran filos de pétalos de una flor de loto…

Le dolía, como frío de invierno
hacia una fogata en agonía,
que todavía ardía con un poco de fuego.

Le dolía si, el pecho,
pero no por su corazón terco,
no por eso, sino por su rota alma.

Una flor de loto sin consuelo en invierno
abandonada al lado de una fogata
en agonía con un poco de fuego,
con su rota alma,
con sus pétalos de hielo,
con la calma del frío,
con el desesperado viento de invierno.

GMR

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Luna y Sol

Eres mi luna y sol,
y me haces el amor.
Tu luna vuelve loca mis aguas y tu sol me azota con su calor.
Soy mendigo esclavo
en tu amor orbitando
eyaculan mis volcanes y montañas eyaculando orgasmos.
Perdido y salvado!
Castigado y amado!
Vivo queriendo acabar, vivo queriendo morir amándonos.

GMR

Eres Poesía

Eres poesía andante.
Admirable eres y hay que admirarte.
Símil: con el mar puedes compararte;
con el universo, tus ojos,
con pétalos, tu figura,
con espinas, tu ingenio,
con tu llegar, la luna.

 

Tan clavado estoy
que mil adjetivos ya tengo para llamarte,
y para pintarte como un mundo,
como vos sos poesía,
tengo que decirte
que eres verde brillante,
que eres negra de misterio,
que eres azul marino,
como el mar,
y naranja como Marte,
que eres cálida como tus manos,
que eres hipnotizante,
que eres felicidad,
que eres paz,
que eres bajita, chiquitita,
que eres inevitable,
que eres alta difícil de alcanzar
e inolvidable.

 

Que eres 976 adjetivos más.
Que si vos sos poesía,
entonces eres también:
Hipérbaton eres.
Anáfora eres para mí.
Eres para mí terco corazón prosopopeya.
Eres mi tesis y antítesis.
Eres mi ironía
ya que eres poesía
y yo soy poeta,
pero no te escribí,
a ti nadie te escribió.
¡Pero qué paradoja!
Por esto y por más
cuando por tu nombre preguntan
rápido digo: Poesía.

 

Mi Pasión

Rosa roja brillante
que amo en exceso
y no canso de mirarte
tocarte y cogerte en mis dedos.
Te admiro y te anhelo;
teniéndote, te sueño.
No creo lo que veo:
una rosa roja entre mis dedos.

Se marchita
y su olor,
y su aspecto
me embriagan,
me drogan,
y enamoran.
Qué rosa más bonita,
más mágica e impactante.
Huele a fresco amanecer.
Se escucha su silencio
que me cautiva y me entretiene.
Y esa rosa, con pasión
me impulsa a escribirle.

Eres musa natural
que me cautiva
infinitamente
sin retroceso.
Cada vez te quiero más
y más te deseo.
Tus espinas perfectas
me hipnotizan y enloquecen
como rizos en el pelo,
tus espinas me revuelven.

Tus pétalos suaves,
delicados y fuertes
que te protegen y embellecen;
que viva, no huelen
más que a fresco amanecer
y marchitos, son delirantes
con su aroma
a lluvia nueva con canela,
un olor picante.
Qué irónico deleite:
Marchita más rica
de verte y olerte.
Eres y siempre fuiste
mi pasión al escribir;
y si mis versos no hablan de ti,
de más nada hablan entonces.
¿Si tú, rosa roja que me enloqueces
mueves las estrellas, la luna, el sol, y el mar
porqué no escribirte entonces?
Como hago desde siempre,
como haré toda la eternidad.

Gerald Rivera ©

Recital

Las estrellas azules,
azul cielo que palpita,
la noche del cielo cubren
y en clave todas recitan
una canción de luces
que al viento y al mar invitan
a cantar en acorde
con lo que la luna les recita.

Y el viento sube y se desliza
de lado a lado sin prisa,
y el sonido de una ese sumisa
por los versos de una canción se deslizan.

Y el mar rompe y estalla.
Y suavemente se quiebran,
a la orilla de la playa,
las olas recitando poemas.

Desde la orilla se observa
al mar cantando con el viento,
a la luna recitando poemas,
y a las estrellas luciéndose en el cielo.

Gerald Rivera ©

Adiós

Te coge, te jala hacia arriba
como tela que se expande.
No naces todavía,
pero al salir, de la tierra es que naces.
Y haces como si te movieras.
Y haces como si caminaras.
Y haces como si aprendieras.
Y te aferras a lo que no vale nada;
ahí un principito te enseña
que lo esencial lo ves con el corazón.
Y das cuenta que lo esencial es lo que amas.
Y la tela ahora jala,
hacia abajo te lleva.
Y tu piel se estira,
y te pesa la vida,
y tu mente reflexiona
de porqué te cuelgan las mejillas,
porqué duele todo el cuerpo,
porqué se acaba la vida,
porqué si la vida es sufrimiento
en ella existe el amor,
porqué todo el amor no cabe en un verso,
porqué la belleza se marchita,
para qué es que existe un dios.
Y entre tantos porqués
la vida se escapa.
Y con un poco de suerte puedes decir
adiós.

Gerald Rivera ©